Una voz me contesta... "hasta que mi ausencia siga quemándote por dentro". Y las paredes se derrumban, sepultando mi cuerpo para siempre... Fin.
No, no tengo ganas de escribir sobre eso. Prefiero relatar cuántas ganas tengo de armarme un pequeño invernadero en mi cuarto, sellarlo a cal y canto, y quedarme boyando ahí dentro, hojeando Luna Teens y escuchando Molotov hasta que vengan los coraceros y me rompan los vidrios a cachiporrazos. Puede esto parecer salido de una conversación de gente que se conoce por chat y busca algo, cualquier cosa, de lo que hablar. Una conversación que es como una estufa de gas que pierde. Abomba, adormece y hace cabecear. ¡Pero no! Analice mis deseos con detenimiento....¿Y? ¿Halló la metáfora oculta?
¿Qué dice? Tal vez narra cómo anhelo ocultarme bajo mis mil capas, hundirme hasta lo más profundo de mi caparazón, para renacer al fin, como una persona nueva, dar la cara a una vida llena de desafíos. Romper los vidrios que conforman esta jaula de cristal que no me permite tener coraje, que no me permite ser. Que me encadena... a un mundo lleno de inseguridad... cobardía... y fracaso.
¿Es esa su interpretación? ¿Sí?
Si pensó eso, es usted un inepto. Un zángano. Un papanatas. Un descerebrado, y un gil de cuarta.
![]() |
| Pasame los puchos. |
¡Envidia! ¡Necesita usted sentirse más listo que otros para olvidarse de que el pantalón le hace flotadores! Me dirán.
Y yo contestaré: No. No, y sólo no.
No tengo ganas de argumentar.
No tengo ganas de seguir escribiendo.
No estoy deprimida. La vida no es una cagada. Pero sí hay gente que piensa que El Cisne Negro es una película enigmática que da paso a mil y un interpretaciones, y realmente, merecen un buen choque eléctrico que les reestablezca el correcto funcionamiento de las neuronas.
